
Sigilosamente avancé unos metros entre el follaje de durillos labiérnagos y lentiscos, y por fin llegué al interior de ese auténtico bosque , donde la espesura y densidad de las copas de las encinas escasamente deja pasar la luz.
Allí entre los troncos de las encinas la vegetación herbácea y arbustiva apenas se desarrolla.Pero resulta espectacular el ver como un denso manto de musgo verde se extiende por el suelo rocoso en los troncos y ramas ,los líquenes epífitos cubren las ramas de los árboles y los pocos helechos como la doradilla ( Ceterach officinarum ) activan su crecimiento desenrollando esos bastoncillos que empizan a sobresalir entre las fisuras de las rocas.
Doradilla ( Ceterach officinarum) , y líquenes epífitos .
Sentado en una de esas grandes rocas calizas "azules" que el musgo aún no ha ocupado el olfato se agudiza y se empieza a notar ese típico olor a hojarasca descumpuesta y tierra mojada. Mientras tanto solamente los cantos de carboneros y currucas , o el leve pisoteo de algún pequeño mamífero interrumpen el silencio.
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